martes, 25 de octubre de 2011

Soñar despierta

Contemplo el mundo tras la ventana y la inmensidad del cielo me hace pequeña.

Un viejo tronco me recuerda que no soy inmortal y el vuelo de un pájaro me transporta a un sueño...


Viajo desde el asiento del autobús a una playa desierta, la arena caliente se desliza por mis dedos, miro al agua y camino hacia la orilla, la brisa me golpea la cara y contonea mi pelo. Me levanto la falda, dejo que el agua helada rodee las piernas y me siento viva.

Adoro el olor a mar salada, la melodía de las olas. Observo el sol poniéndose a mi derecha, que tiñe el cielo con una preciosa gama de colores azules, rosas y violetas. Y admiro su belleza.


Ahora estoy tumbada en una duna, no hay imperfección alguna, un pequeño escarabajo rompe esa armonía dejando tras de sí un camino de minúsculas huellas. Miro el cielo y fantaseo, la infinidad de nubes, cobran vida y formas cada ellas. Las imagino dulces, dulces como el merengue.


De repente me encuentro apoyada en el tronco de un árbol, bajo su sombra.

Huele a azahar, adoro ese olor. La hierba está muy verde, debe ser primavera. Infinidad de campanillas me rodean y parecen saludarme con el movimiento de la brisa.

Cae una hoja junto a mi mano, lleva consigo tres colores, marrón, verde y amarillo. Entonces caigo en la cuenta, no es primavera, sino el otoño que acecha. Una gota de agua choca con mi mejilla, el cielo está encapotado. Corro, cae la flor que llevaba en la mano, pero sigo corriendo. La lluvia no me desagrada, no hace frío, piso los charcos que se han formado en el ya no tan verde suelo, me invade el olor característico de esos días, el olor a lluvia, que también tiene su encanto.


Ahora estoy contigo, apoyada en tu pecho, sentados en el suelo, una vela ilumina tu perfección. Me gusta el olor de tu cuerpo, tu calor, la sensación de protección me invade.

Estamos observando las estrellas, pero la luna y su luz no nos dejan verlas...quiere ser la más bella esa noche.

Pero lo que no sabe la luna, que tu luz puede con ella.


lunes, 25 de abril de 2011

...

Olvidamos amenudo que la vida pasa rápido, muy rápido.
Olvidamos disfrutar las cosas buenas de cada instante.

Si pensamos en que consiste la vida, todas las respuestas nos llevaran a una misma idea, la búsqueda incansable de la felicidad. Ya sean pequeñas o grandes metas, ilusiones imposibles o no tanto.
Sin embargo, la verdadera felicidad, muy pocas personas consiguen dar con ella, otras sólo llegan verla de lejos y algunas, aunque la tengan delante, no pueden reconocerla.

Aquella gran mayoría que no la conseguimos, tenemos en comnún ese inconformismo innato, que nos hace incapaces de sentirnos plenos, convirtiéndonos en meros quejicas de esa falta de bienestar.
Aunque consigamos esas metas, esas ilusiones, esa finalidad que creíamos que nos haría felices, que en ocasiones hemos hecho el centro de nuestra existencia, no importa, la satisfacción es momentánea, no tardamos mucho en ponernos a trabajar en otros problemas nuevos, y lo único que conseguimos es, hacer como centro de nuestra vida los problemas y preocupaciones, sin apreciar la parte buena que nos ofrece.

El ser humano funciona así, en un ir y devenir de ocupaciones y responsabilidades que nos hace sentirnos vivos.
Lo que no sabemos, es que la verdadera felicidad se encuentra en esos pequeños momentos, en el modo en el que interpretamos las cosas...el mundo puede llegar a ser maravilloso cuando conseguimos verlo desde la mejor perspectiva.
Así que el "secreto" quizás esté en aprovechar esa felicidad momentánea, ya sean por logros o por cualquier otra cosa, por muy pequeños que sean, disfrutar de cada momento que lo merezca, quedarnos con lo mejor de las personas, que es lo que verdaderamente importa, sobre todo, darle el valor que merecen las pequeñas cosas que nos arrancan cada día una sonrisa.

Un pena que olvidemos que las horas, los días, los años pasan rápido, muy rápido, cuando tomemos conciencia, quizás hayamos malgastado gran parte de esta.

Buscamos un sentido a la vida, ¿realmente tiene alguno? quizás sólo hay que vivir.


"Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias." John Locke.




"Los hombres viven, en general, el presente con una cierta ingenuidad; esto es, sin poder llegar a valorar exactamente sus contenidos." (Sigmund Freud).